ES EL SEXO MALO?

El sexo no es algo malo. Tú eres malo si te quedas apegado a él.

Muévete a un plano superior. Lo superior no va en contra de lo inferior; lo inferior hace posible que exista lo superior.

Cada vez que estás enamorado te sientes culpable en cierto modo; surge un sentimiento de culpa. Cuando hay sentimiento de culpa, no te puedes sumergir por completo en el amor; el sentimiento de culpa te lo impide, te sujeta.

Incluso cuando haces el amor con tu mujer o con tu marido, hay un sentimiento de culpa: sabes que eso es pecado, sabes que estás haciendo algo malo. «Los santos no hacen esto», eres un pecador. Así que no te puedes sumergir en el amor totalmente ni siquiera cuando te permiten, de forma superficial, amar a tu mujer. El sacerdote está oculto dentro de ti en tu sentimiento de culpa; desde ahí te empuja, tira de tus riendas.

Cuando aparece el sentimiento de culpa, empiezas a sentir que estás equivocado; pierdes autoestima, pierdes confianza en ti mismo. Entonces surge otro problema: cuando hay sentimiento de culpa, empiezas a fingir. Los padres no permiten que sus hijos sepan que ellos hacen el amor; fingen. Fingen que el sexo no existe. Los niños descubrirán su mentira tarde o temprano. Cuando los niños descubren la mentira, pierden toda confianza. Se sienten traicionados, se sienten engañados.

Entonces los padres dicen que sus hijos no los respetan; tú has sido el causante de esto,¿cómo van a respetarte? Los has estado engañando de muchas maneras, has sido deshonesto, has sido mezquino. Les estabas diciendo que no se enamoraran, ¡cuidado!, mientras tú no hacías más que hacer el amor. Entonces llegará el día, antes o después, en que se darán cuenta de que su mismo padre, su misma madre, no era sincera con ellos. ¿Cómo te van a respetar?

En primer lugar, el sentimiento de culpa crea el engaño. El engaño te aleja de la gente.

Incluso tu hijo, tu propio hijo no se sentirá ligado a ti. Hay una barrera, tu engaño. Y cuando sabes que todo el mundo está fingiendo... Un día te darás cuenta de que tú estás fingiendo como lo hace todo el mundo. Si todo el mundo finge, ¿cómo te vas a relacionar? Si todo el mundo es falso, ¿cómo te vas a relacionar? ¿Cómo vas a ser amistoso cuando por todas partes no hay más que mentira y engaño? Te vuelves muy resentido contra la realidad, te vuelves amargado. La realidad te parece un taller del diablo.

Todo el mundo lleva una careta; nadie es auténtico. Todo el mundo lleva máscara; nadie muestra su verdadero rostro. Te sientes culpable, sientes que estás fingiendo y sabes que todo el mundo está fingiendo. Todo el mundo se siente culpable y todo el mundo se ha convertido en una horrible herida. Ahora es muy fácil esclavizar a estas personas, convertirlos en funcionarios, dirigentes, maestros, diputados, ministros, gobernantes, presidentes. Ahora es muy fácil distraerlos. Los has distraído desde su propia raíz.

El sexo es la raíz; de ahí viene el término Muladhar, en el lenguaje del tantra y del yoga.

Muladhar significa la energía básica.

Una vez oí esta historia...

En su noche de bodas, la altiva Lady Jane estaba cumpliendo con sus obligaciones de desposada por primera vez.

—Mi señor —preguntó a su marido—, ¿es esto lo que el pueblo llano llama hacer el amor? —Sí, esposa mía —contestó Lord Reginald—. Y volvieron a empezar.

Después de un rato Lady Jane exclamó indignada: —¡Es algo demasiado bueno para el pueblo llano!

A la gente corriente no se le ha permitido realmente hacer el amor: «Es demasiado bueno para ellos». Pero el problema es que si envenenas a toda la gente corriente, también te estás envenenando a ti mismo. Si envenenas el aire que respira la gente corriente, envenenarás también el aire que respira el rey. No lo puedes separar; constituye un todo. Cuando el sacerdote envenena a la gente corriente, se está envenenando a sí mismo. Cuando los políticos envenenan el aire de la gente corriente, ellos acabarán por respirar ese mismo aire, no existe otro aire.

Cuando reprimes las cosas en la superficie, se enquistan dentro, en el inconsciente. Ahí, el sexo no ha sido destruido, afortunadamente. No ha sido destruido; sólo ha sido envenenado. No se puede destruir; es una energía vital. Se ha contaminado, pero puede ser purificada.

Los problemas de tu vida se pueden reducir a tus problemas sexuales. Puedes seguir resolviendo el resto de problemas, pero no serás capaz de resolverlos definitivamente, porque no son los auténticos problemas. Si resuelves tus problemas sexuales, todos los demás problemas desparecerán porque has resuelto el problema básico. Sin embargo, tienes miedo de afrontarlo siquiera.

Es muy sencillo. Sólo tienes que abandonar tus condicionamientos, es muy sencillo. Es tan sencillo como esta historia.

Una solterona frustrada se convirtió en la pesadilla de la policía. No hacía más que llamar para decir que había un hombre debajo de su cama. Al final, la llevaron a un psiquiátrico donde le recetaron las últimas medicinas, y al cabo de unas semanas el doctor pasó a entrevistarla y ver si se había curado.

—Señora Adelaida —le preguntó el doctor—, ¿sigue viendo a un hombre debajo de su cama?

—Ya no —contestó—. Pero cuando el doctor estaba a punto de firmarle el alta, ella añadió:

«Ahora veo dos».

El doctor le dijo al personal del hospital que sólo había un tipo de inyección que podía curar su problema, al cual él denominaba «virginidad maligna». Sugirió que la instalaran en su habitación junto con Marcial, el carpintero del hospital.

Localizaron a Marcial; le dijeron cuál era el problema de la mujer, y que le encerrarían con ella durante una hora. El dijo que no llevaría tanto tiempo. Un grupo ansioso se congregó alrededor de la habitación... Oían:

—Oh, pare. ¡Mamá nunca me lo perdonaría!

—Deje de gritar; es algo que alguna vez hay que hacer. Lo tenía que haber hecho hace muchos años.

—¡Entonces hágalo a la fuerza, bestia!

Es como lo habría hecho su marido en el caso de que hubiera tenido uno.

Los médicos no pudieron resistir y entraron.

—Ya la he curado —dijo el carpintero. —¡Me ha curado! —dijo la señora Adelaida.

Había serrado las patas de la cama.

A veces la cura es muy simple. Pero sigues haciendo mil cosas. El carpintero hizo bien: ¡bastaba tan sólo con cerrar las patas de la cama! ¿Dónde se iba a esconder el hombre ahora?

El sexo es la raíz de casi todos tus problemas. No puedes ser de otra manera después de miles de años de envenenamiento. Hace falta un gran purgante. Reclama tu libertad. Reclama tu libertad de amar. Recupera tu libertad de ser; y entonces la vida ya no será un problema. Será un misterio, será un éxtasis, será una bendición.

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