Una noche, un pescador entró a hurtadillas en el parque
De un hombre rico y echó sus redes en el estanque lleno
De peces. Pero el otro lo oyó y envió a sus
Guardias contra él.

Cuando vio que le andaban buscando por todas partes con
Antorchas encendidas, el pescador cubrió apresuradamente
Su cuerpo de cenizas y se sentó bajo un árbol, como hacen
Los santones en la India.

Los guardias, a pesar de buscar durante horas, no
Encontraron a ningún pescador furtivo. Lo único que
Vieron fue a un hombre cubierto de cenizas y sentado bajo
Un árbol, absorto en la meditación.

Al día siguiente se propaló por doquier el rumor de que un
Gran sabio había decidido establecer su residencia en el
Parque del hombre rico. La gente acudió en tropel, con
Flores y toda clase de comida, y hasta con montones de
Dinero, a presentarle sus respetos, porque existe la piadosa
Creencia de que los dones hechos a un hombre santo
Hacen que descienda sobre el donante la
Bendición de Dios.

El pescador, trocado en santo, quedó asombrado de su
Buena suerte. “Es más fácil vivir de la fe de esta gente que
Del trabajo de mis manos”, se dijo para sí. De manera que
Siguió meditando y no volvió jamás a trabajar.